El respeto y la pasión ensalzan el baloncesto femenino
- Bea Blasco

- 17 oct 2024
- 4 Min. de lectura
Actualizado: 22 oct 2024
El ambiente sano en los pabellones complementan al esfuerzo y trabajo de los equipos para lograr grandes triunfos sin controversia mediática

El clima de respeto y apoyo de las aficiones en el deporte de élite es una de las piezas clave en el gran puzzle que compone. En cualquier competición, el calor de los espectadores es el punto de motivación que necesitan los atletas para triunfar, pero también lo es para dejar de lado las polémicas mediáticas que generan sentimientos de frustración y enfado en muchas ocasiones.
El baloncesto es uno de los deportes afortunados en este ámbito, con un ambiente muy sano y entornos muy seguros. De hecho, en las competiciones, las aficiones, incluso se mezclan después para pasarlo bien, a diferencia de, por ejemplo, el fútbol, donde generalmente terminan con batallas entre rivales. Esto es lo que destaca en la evolución del baloncesto femenino, además de el talento y esfuerzo de las jugadoras, el staff y las instituciones.
El ruido mediático fuera de los focos
Las basquetbolistas han crecido en un perfil discreto, alejado de las grandes controversias. Este entorno libre de ruido mediático ha permitido a las jugadoras centrarse en lo que realmente importa: el deporte en sí. Y es que los fans del deporte están acostumbrados a la constante comparación de las chicas con los chicos, lo que ha conllevado a la lucha por la profesionalización de cada disciplina.
Las gradas de los pabellones que acogen la Liga Femenina Endesa, así como los partidos de la selección, son un claro ejemplo de cómo los aficionados disfrutan del deporte de una manera sana. Más allá de las tensiones y los conflictos que pueden observarse en otras disciplinas, la atmósfera en estos encuentros es de familia y apoyo incondicional, ya que valoran el esfuerzo de las jugadoras, y eso se refleja en su comportamiento dentro y fuera de la cancha.

Un ejemplo de ello son las competiciones en las que participa el Valencia Basket, que se ha convertido en uno de los favoritos del momento. Siempre que juega, en la Fonteta se crea una auténtica fiesta en las gradas. Así sucedió en la Supercopa Liga Femenina Endesa 2024, celebrada en el Pabellón Príncipe Felipe de Zaragoza. Las gradas vibraron con los seguidores del equipo taronja, que llenaron el pabellón con sus cánticos, pancartas y el característico color naranja. De hecho, al sellar la victoria y levantar el título, las jugadoras lo celebraron junto con sus aficionados, reconociendo el papel clave que jugaron desde las gradas en los momentos más complicados del partido.
Una historia con pocos inconvenientes

En 1892 fue cuando se disputó el primer partido de baloncesto femenino de la historia. La culpable de su nacimiento fue Senda Berenson, quien consideró que la nueva actividad podría ser beneficiosa para la educación de sus alumnas en el Smith College. De esta manera, acabó convirtiéndose en el primer deporte de equipo de mujeres de la historia, aunque con una versión modificada.
Berenson aumentó a nueve integrantes por equipo y dividió la pista en tres zonas (base, alero y pívot). Así pues, tres jugadoras de cada equipo se limitaban a jugar en un tercio de la cancha. Por otra parte, también se limitó a tres segundos la posesión del balón y solo se podía avanzar dando tres botes. Diferente a lo que era el masculino, pero, al menos, no tenían inconvenientes ni obstáculos para practicarlo. Este fue el germen del primer partido oficial cuatro años después entre la Universidad de Stanford y la Universidad de California, Berkeley.
Al llegar a España, creció como la espuma
En España, el baloncesto femenino desembarcó en 1921, extendiéndose en Cataluña y Madrid. La Copa de la Reina arrancó su viaje en 1943, siendo el primer Campeonato de España de baloncesto femenino, con el Espanyol como el primer equipo campeón tras vencer al Madrid en la final por 13-10. Además, 28 años después del debut internacional del combinado masculino, se pudo ver una selección española que se estaba esperando hacía mucho tiempo. A partir de ahí, con el impulso de la nueva selección, la Federación Española de Baloncesto creó la primera liga de baloncesto femenino en 1964.
En los últimos años, el baloncesto femenino en España ha experimentado un notable aumento en su popularidad, y este resurgimiento ha sido impulsado por el rendimiento excepcional de algunos equipos, como el Valencia Basket, además de una mayor exposición mediática y el respaldo de los aficionados. Un impulsor clave de este cambio ha sido la Liga Femenina Endesa, que ha servido como plataforma para el talento y la competición en esta disciplina.
Asimismo, no solo ha proporcionado una vitrina para las habilidades de las jugadoras, sino que también ha generado una mayor equidad en términos de reconocimiento y patrocinio para este deporte. Todo esto ha desencadenado un cambio cultural, desafiando estereotipos y fomentando la igualdad de oportunidades en el deporte, demostrando que no es necesario el conflicto para lograrlo.







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