De la sencillez al poder en la gimnasia rítmica
- Bea Blasco

- 14 nov 2024
- 4 Min. de lectura
Actualizado: 25 nov 2024
El maillot recorre diferentes fases en su historia que les permite a las gimnastas expresar su individualidad y empoderarse sobre el tapiz a través del arte

La gimnasia rítmica es mucho más que una disciplina deportiva. Detrás de cada espectáculo, cada gesto, salto y giro hay una historia. Las atletas muestran su elegancia mientras dominan aros, pelotas, cintas y mazas, en un deporte que también exige control, flexibilidad y una precisión milimétrica. Sin embargo, también es un espacio donde la vestimenta juega un papel importante para expresar sus sentimientos.
Sus inicios fueron modestos, desarrollándose con el tiempo hasta convertirse en el deporte espectacular que conocemos hoy. El origen fue en la Unión Soviética (URSS) a mediados del siglo XX, y su primera competición oficial fue el Campeonato del Mundo de Budapest (Hungría) en diciembre de 1963. Aunque no se habían establecido unas directrices comunes, presentaron una variedad de técnicas y estilos. Así pues, desde su introducción al panorama internacional, la gimnasia rítmica ha ganado visibilidad, reglamentación, y reconocimiento entre los deportes de élite.
Esta evolución no solo ha sido en sus movimientos en el tapiz, sino también en la vestimenta que acompaña a cada rutina. Con el surgimiento de la gimnasia, las atletas usaban trajes sencillos y conservadores, donde predominaban el algodón y los colores sólidos, ya que estaban limitados por las normativas que prohibían cualquier elemento brillante o llamativo.
Sin embargo, con el tiempo, el maillot se transformó en una pieza clave, convirtiéndose en un símbolo visual que mezcla arte y deporte. A partir de los años 80, la incorporación de colores vibrantes, cristales y otros detalles no solo sumó estética a la disciplina, sino que también permitió a las gimnastas expresar su identidad y resaltar su individualidad sobre el suelo.
La evolución del diseño de los maillots

El acróbata francés Jules Leótard fue el encargado de diseñar los principales maillots en el siglo XIX, que en ese momento eran conocidos como leotardos. La idea surgió para dejar su cuerpo y sus movimientos libres de obstáculos, además de lucir su musculatura. En consecuencia, llevó una pieza ceñida a su torso y sus piernas, que adoptaron acróbatas, trapecistas y, más tarde, la gimnasia artística y la danza. Las prendas eran simples, hechas de materiales como lana y algodón, lo que ofrecía libertad en la coreografía a las gimnastas.
Y es que se trataba de un momento en el que se dedicaba especial atención a la técnica de ejecución, la capacidad de cargar al público con el positivo y la energía, dejando así la apariencia de las deportistas a un lado. El aspecto era de un leotardo habitual, monocolor, aunque más tarde se reemplazó por el de dos colores. A comienzos de los años 80 se produjo el pico de esta pieza, abriéndole las puertas a los elementos brillantes y atractivos.
La inspiración que tuvieron en esta década fue la de la cultura pop y películas como "Flashdance". Por tanto, comenzaron a presentar colores vibrantes y patrones audaces; el corte de las piernas se elevó y se hicieron más ajustados para mostrar mejor la forma del cuerpo y facilitar la evaluación de los jueces.
El nacimiento de los cristales y lentejuelas

Diez años después, en los 90, se incorporaron elementos brillantes como los cristales y lentejuelas. De esta manera, se mejoró la estética y permitió a las atletas expresar su individualidad y nacionalidad a través de diseños personalizados. Además, también empezaron a fabricarse con materiales más ligeros y flexibles, aportando mayor libertad en la actividad.
Asimismo, se empezaron a ver maillots de pierna larga, ideado para aquellas que en su país no tenían permitido enseñar las piernas y pudiesen practicarlo sin problemas. De hecho, con el tiempo se convirtió en uno de los atuendos más usados por las gimnastas, ya que les "estilizaba más" y les hacían más altas, algo que todas buscaban en esas épocas.
"Un maillot puede llevar de 1.000 a 6.000 cristales pegados a mano", Tanit Pérez
La vestimenta conservadora evolucionó a colores cada vez más brillantes, con detalles como lentejuelas, plumas e incluso cristales de Swarovski: "Un maillot puede llevar de 1.000 a 6.000 cristales pegados a mano", explicó la ex gimnasta Tanit Pérez, en una entrevista a S Moda. Esto no solo mejoró la estética, sino que también otorgó a las gimnastas una plataforma para expresar su identidad y personalidad en cada rutina.
La tecnología clave en su costura
La tecnología ha jugado un papel fundamental en la evolución de la vestimenta de la rítmica, y gracias a ello, hoy en día los maillots no solo ofrecen absorción y transpirabilidad, sino que también ayudan a las gimnastas a ejecutar sus movimientos más fluidamente y con mayor seguridad.

Así pues, la evolución del vestuario de rítmica desde sus inicios hasta los diseños contemporáneos muestra cómo el deporte ha abrazado tanto la funcionalidad como la estética, con tonos vivos como el rojo y el dorado y patrones geométricos impactantes.
La gimnasia rítmica continúa siendo un espacio donde la fuerza, la precisión y el arte encuentran su máxima expresión. Y con cada maillot, cada coreografía, las gimnastas no solo representan su disciplina, sino también la esencia de una expresión artística personal que brilla dentro y fuera del tapiz.







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