El poder de las mujeres revoluciona los deportes de acción
- Bea Blasco

- 19 nov 2024
- 4 Min. de lectura
Andrea Benítez, Carissa Moore, y Queralt Castellet son algunas de las atletas que están dejando huella en las disciplinas más desafiantes del deporte de acción como el skate, surf o snowboard

Deportes de acción o deportes extremos. Disciplinas físicas que suelen integrar elementos de riesgo, velocidad, altura, maniobras acrobáticas y, a menudo, entornos desafiantes como montañas, océanos, rampas urbanas o parques especializados. Deportes como el skateboarding, surf o snowboard han evolucionado de movimientos contraculturales a convertirse en fenómenos globales, ganando un lugar en escenarios tan prestigiosos como los Juegos Olímpicos.
Durante años, estos deportes fueron considerados territorios exclusivamente masculinos, una percepción alimentada por estereotipos que asociaban la audacia y el riesgo con los hombres. No obstante, existe una generación de mujeres intrépidas y talentosas que ha transformado este panorama. No solo han superado barreras físicas, sino que han desafiado normas culturales profundamente arraigadas, demostrando que ningún deporte tiene género. Desde las olas hasta las rampas, estas atletas no solo desafían los límites físicos del deporte, sino también las normas culturales que alguna vez las relegaron a un segundo plano.
El skate es más allá de las ruedas
El skateboarding, símbolo de rebeldía y libertad, ha tenido una relación compleja con la visibilidad femenina. En los años 70, las mujeres disfrutaron de cierta relevancia en el deporte, pero con el auge comercial del skate, las marcas priorizaron a los hombres, relegando a las mujeres a un segundo plano.
Fue en los años 90 cuando figuras como Elissa Steamer comenzaron a recuperar protagonismo, ganando torneos importantes y allanando el camino para nuevas generaciones. La creación de competiciones exclusivas, como los X Games femeninos, y plataformas como la Women's Skateboarding Alliance en los años 2000 marcaron un punto de inflexión.

En España, Andrea Benítez se convirtió en la primera mujer española en competir en unos Juegos Olímpicos, marcando un hito histórico en Tokio 2020 y un gran avance para esta disciplina en el país. Su historia está llena de desafíos: diagnosticada con escoliosis en su infancia, tuvo que aprender a patinar con restricciones físicas. Además, se ha enfrentado a desigualdades estructurales, como premios más bajos y menor patrocinio, algo que todavía limita el potencial de muchas skaters.
A pesar de estas dificultades, Benítez ha logrado abrirse camino, representando a grandes marcas como Vans y participando en uno de los eventos más importantes cada cuatro años. Su ejemplo motiva a nuevas generaciones a tomar la tabla sin miedo al qué dirán.
El surf cabalga las olas de la igualdad
El surf tiene raíces en la cultura polinesia, donde mujeres como la reina hawaiana Ka'ahumanu practicaban este deporte hace siglos. Sin embargo, la historia moderna de este deporte refleja una lucha constante por la igualdad de género.

Aunque surfistas como Carisa Moore han alcanzado reconocimiento mundial, las desigualdades permanecieron durante años, desde premios más bajos hasta menor cobertura mediática. Fue solo en 2019 cuando la World Surf League (WSL) estableció igualdad salarial, un logro impulsado por atletas como Moore, quien lideró el movimiento con su voz y sus logros deportivos.
Con cinco títulos mundiales y una medalla de oro en Tokio 2020, Moore no solo ha redefinido los estándares técnicos del surf femenino, sino que también ha dedicado su plataforma a empoderar a niñas y jóvenes. Tras anunciar su retiro y participar en los Juegos de París 2024 embarazada, se enfocará en iniciativas que promuevan la inclusión y el desarrollo de niñas en el surf, demostrando que el impacto de estas deportistas va más allá del agua.
El snowboard desafía el frío y los estereotipos
El snowboard femenino ha avanzado a la par del masculino desde sus inicios, consolidándose como una disciplina inclusiva desde finales del siglo XX. Sin embargo, las atletas han tenido que luchar por el reconocimiento y la profesionalización en una industria que tradicionalmente ha favorecido a los hombres.

Queralt Castellet, una de las máximas exponentes del snowboard femenino en España, encarna esta historia de superación. Desde su debut en el Campeonato del Mundo FIS en 2005, Castellet ha cosechado innumerables éxitos, como su dominio en el Winter Dew Tour y múltiples podios en la Copa del Mundo FIS.
Más allá de sus logros, Castellet ha utilizado su visibilidad para inspirar a las futuras generaciones y posicionar el snowboard femenino como una disciplina igualmente competitiva y emocionante. Su legado es una prueba viviente de cómo las mujeres están redefiniendo los deportes de invierno.
El impacto de estas atletas trasciende el ámbito deportivo. Todas han generado un cambio cultural que empodera a las nuevas generaciones. Iniciativas como la Women's Skateboarding Alliance, las campañas de igualdad salarial en el surf y la creciente representación de mujeres en medios y competiciones son testimonio del cambio.
Sin embargo, las desigualdades persisten. Desde la brecha salarial hasta el acceso limitado a patrocinadores y plataformas, el camino hacia la equidad aún no está completo. Las historias de Andrea Benítez, Carisa Moore y Queralt Castellet nos recuerdan que, aunque hay avances significativos, es crucial seguir apoyando y visibilizando a las mujeres en los deportes extremos.







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