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Cuando el partido se juega en las calles

  • Foto del escritor: Bea Blasco
    Bea Blasco
  • 5 nov 2024
  • 3 Min. de lectura
El lema 'Fuerza Valencia' clama en los estadios. FUERA DEL ÁREA
El lema 'Fuerza Valencia' clama en los estadios. FUERA DEL ÁREA

En cuestión de horas, las aguas del Barranco del Poyo y el Río Magro se llevaron consigo bienes materiales, pero también la paz y la seguridad de toda una comunidad. Una semana ha pasado desde que las calles de varias localidades valencianas como Alfafar, Benetússer, Albal, Picaña, Catarroja, Paiporta y Torrent, se llenaron de barro y agua desbordada. Siete días desde que los ciudadanos empezaron a pedir ayuda, desde que se quedaron sin luz y sin agua (y aún hay más casas sin ello), y desde que el pueblo valenciano se volcó para limpiar y reconstruir todo lo destruido.


El deporte ha tenido mucha presencia, con estadios como puntos de recogida de alimentos y como refugio para los que se quedaron sin hogar. Y es que es una evidencia. "Lo hemos perdido todo". Es difícil describir el alcance de las pérdidas: hogares y negocios arrasados, pertenencias sepultadas en el lodo, vehículos reducidos a chatarra. Y todo ello mientras los recuerdos de una vida ahora solo existen en la memoria de quienes lo han perdido todo.


Por ese motivo, la decisión de todos los clubes deportivos valencianos ha sido cancelar y aplazar todos los encuentros disputados a lo largo de la semana. Han sido muchas las figuras como Asun Martínez, Ainhoa Alguacil, Claudia Florentino y Pauleta Sancho que se han 'pringado', entre otros. Que han cogido las botas de agua y las escobas para acabar lo antes posible con este infierno.


Y aquí es donde entra la polémica. ¿Qué pasa con los demás partidos? Mientras los equipos valencianos decidían pausar sus encuentros en señal de respeto, en otras ciudades el balón siguió rodando. Este contraste ha abierto un debate sobre la sensibilidad y la ética de continuar celebrando mientras tantas vidas están destrozadas.


Asimismo, las opiniones también han nacido de futbolistas y entrenadores, que opinaban que el deporte pasó a un segundo plano para poner la vista en las más de 200 víctimas mortales de las inundaciones: "Que hayamos jugado este partido no hay por dónde cogerlo, para mí. Con todo lo que ha sucedido, con todos los fallecidos, con lo que ha pasado la gente... Es una situación muy dura", aseguró Luis García Plaza, técnico del Alavés, tras jugar ante el Mallorca.



El estadio Sánchez Pizjuán se iluminó con los colores valencianos. SEVILLA FC
El estadio Sánchez Pizjuán se iluminó con los colores valencianos. SEVILLA FC

"La mejor decisión es no parar", recalcó en sus redes sociales Javier Tebas, presidente de la Liga de Fútbol Profesional, quien defiende que el fútbol en activo es "el mejor mensaje" para dar visibilidad a la tragedia, generar recursos y "demostrarle al mundo que tenemos que estar todos manos a la obra para salir adelante". Sin embargo, para quienes han perdido todo, las palabras no bastan. En el terreno de juego, los minutos de silencio, las pancartas y las camisetas de "Fuerza Valencia" se sienten insuficientes.


Vicente Iborra, capitán granota, resumió lo que muchos piensan: "Es difícil ir a un estadio de fútbol a animar, a cantar un gol o mostrar sentimientos de alegría cuando a escasos kilómetros hay gente que lo está pasando mal. Es difícil ir a un partido, a celebrar qué, cuando hay tanta desgracia". Y es que, en estos momentos, la verdadera victoria no está en el marcador, sino en la solidaridad, en la empatía y en el esfuerzo compartido de todo un pueblo por salir adelante.


Ya no se trata de olvidar el deporte, sino de darle otro sentido. Porque en la Comunidad Valenciana, el partido se está jugando ahora, en las calles cubiertas de barro, en las casas destruidas, y en la unión de una comunidad que lucha por reconstruir lo que el agua arrasó. Es un tiempo en el que el fútbol y la vida se encuentran, pero no en el grito de un gol, sino en el esfuerzo silencioso de quienes se han puesto "manos a la obra" para devolver la esperanza a los suyos.


Y tal vez, cuando las aguas se retiren y el barro deje de cubrir las calles, recordaremos estos días no solo como un capítulo de pérdida, sino como un momento en que toda una comunidad demostró que, en la pista y fuera de ella, siempre hay motivos para seguir luchando.

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